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Paisanismo: los que apostaron por el campo y se quedaron en Asturias

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Paisanismo: los que apostaron por el campo y se quedaron en Asturias

Cinco retratos de asturianos que, contra viento y marea, han sacado adelante un negocio en la zona rural

Jhonatan González Ovalle / Foto: Elena Plaza

Elena Plaza | Periodista

Si importantes son los que llegan a Asturias desde fuera, no menos importantes son los que se quedan en este paraíso a veces cercano al infierno, que se come a sus propios hijos y los regurgita para luego escupirlos a la distancia justa que permite la señardá. En una región que en tres décadas ha perdido casi 100.000 habitantes, apostar por la zona rural se convierte en un reto, no sólo por emprender, sino por elegir un modo de vida alejado de las grandes ciudades.

Demostrar que hay vida y trabajo más allá de las urbes, y siquiera de la zona central de Asturias, es un ejercicio exigente cuando se tiene en cuenta que el 80% de la población está concentrada en este famoso ocho que discurre entre Oviedo, Gijón, Avilés, Mieres y Langreo, mientras que las alas no vuelan por su cuenta porque les falta motor. “Desde los despachos de Oviedo no nos ven; ven inevitable lo que ven. Pero todos no serán tontos… ¿y nadie puede hacer nada?”, reflexiona Antonio Vázquez Rodríguez, Toño Penalcarro, oriundo de Villar de Bullaso, en el concejo de Illano, y afincado en Castrillón de Boal. De igual forma, Jhonatan González Ovalle, con una mano increíble para la pastelería en Cabo Busto (Valdés), se pregunta “si todo lo bueno tiene que estar en la ciudad. Yo quiero que esté aquí, en mi pueblo de 200 habitantes, y ofreciendo una materia prima de primera calidad”.

Jhonatan se fue a Gijón a estudiar en la Escuela de Hostelería y estuvo seis años trabajando. Pero no: “Yo soy de pueblo, me gusta estar cerca de la familia. Emprendí un proyecto muy romántico para escapar de la vida que llevaba; no se me veía muy feliz”. Así que regresó a Busto y comenzó vendiendo magdalenas a 1,80 euros la docena, y bollos preñaos, con algún encargo de tartas para las fiestas Luego ocupó la parte baja de la casa de su abuela, un precioso rincón pintado en blanco y rojo con un jardín que invita a deleitarse con su exquisita pastelería y acercarse hasta el cercano faro. Pasear por su alrededor es, para Jhonatan, la definición de felicidad, con la ventaja de poder recolectar a su paso frutos que luego empleará en su obrador.

Nuestro pastelero trabaja muy fuerte la temporada de verano y luego todo su equipo se toma unas merecidas vacaciones de un mes. En las épocas más flojas aprovecha para formarse y formar a su gente, y también para dar sencillos cursos allá donde le llamen, no sólo para profesionales.

 

INNOVAR DESDE LO RURAL

Emprender, en general, supone un plus de creatividad. Levantarse todas las mañanas con ideas nuevas, pensando en cómo sustentar el negocio las épocas en que flojea. O arriesgarse a carecer de un sueldo fijo. El dinero pasa a un segundo plano cuando el trabajo llena plenamente.

Toño regentaba una ganadería de leche que cerró para pasar a prestar servicios en un territorio con una población envejecida y un tanto aislada que abarca buena parte de la cuenca del Navia: lo mismo desbroza, que trabaja con el tractor haciendo bolas de paja, o que pica leña. Allá donde le llaman, va, siempre que sea algo que le guste hacer: “A cada uno le nace una cosa”. Así mantiene su negocio.

El dinero es importante, pero está en un segundo plano para mí

En la diversificación también se basa Pepín Díaz Sánchez, Pepín de Sirviella. En verano recibe turistas en La ruta de Pepín, un recorrido por la cultura de este pueblo de Onís. En invierno trabaja en una tienda de Oviedo, o da una baja en la construcción… Además de mantener a sus oveyas xaldas y ser controlador de esta raza autóctona. Su negocio se basa en todas aquellas preguntas que le hacían cuando trabajaba en un camping en Cabrales: si hace calor o nieva, sobre Picos, cómo se hace la sidra… “¿las gallinas ponen huevos?”

Pepín Díaz Sánchez / Foto: Elena Plaza.

Astursabor es la marca de Judith Naves Morán, quien a sus 21 años montó su empresa de platos envasados y elaborados con razas autóctonas. Una innovación basada en la cocina tradicional de su abuela, que estable sinergias con productores de caldos asturianos como la cerveza Caleya o los vinos de Cangas. Ante la falta de proveedores, montó su propia ganadería, pues no entiende cómo, teniendo Asturias una de las mejores carnes del mundo, la Asturiana de la Montaña o casina, esté en peligro de extinción: “Los ganaderos prefieren vender los xatos a cebaderos de Toledo para luego exportar al extranjero. Yo me quedé sin materia prima durante dos meses. Y no puedo tener a mis clientes, como El Corte Inglés, sin producto”. Hoy en día es su propia proveedora, casi al 100%, de ternera asturiana y oveya xalda, e intenta que haya más ganaderías de razas autóctonas, porque sigue necesitando materia prima, como gochu asturcelta y cabra bermeya. Tiene las ideas muy claras, aunque en un principio el comentario que más oía era “esta guajina dónde va”. El año pasado recibió el premio a la Excelencia para la Innovación de Mujeres Rurales del Ministerio de Agricultura. Judith trabaja codo con codo con sus padres, socios en Astursabor y propietarios de la empresa de catering Judith. “Mi producto es más bien de otoño-invierno, por eso en primavera y verano trabajamos mucho el catering”, apunta Judith.

Judith Naves Morán / Foto: Elena Plaza.

Manuel Jorge Domínguez supo aprovechar sus años como ciclista profesional para hacer de su hobby su profesión. Dirige su propia empresa en Laviana, a un kilómetro y medio de donde nació, en la que diseña ropa para ciclismo y para otros deportes bajo la marca MJD Sport. La ubicación no influía en su modelo de negocio, pero sí aprovechar los contactos, la experiencia sobre la bici (cinco de los seis empleados están relacionados con el ciclismo) y tener iniciativa. Manuel Jorge  trabaja la venta mayorista, y le funciona muy bien el boca a boca de la clientela satisfecha. Con la crisis le salieron muchos competidores: empresas del prêt-à-porter que vieron que había nicho en el ciclismo, con tanta afición y pruebas populares. Su valor añadido es la calidad y el servicio: ahora estrena la venta online.

Manuel Jorge Domínguez.

EL DINERO, EN SEGUNDO PLANO

Si algo une a estos empresarios es tener los pies en la tierra y no abarcar demasiado. En el caso de Jhonatan, podría cobrar más por sus pasteles, pero le limita su ubicación; aunque no le importa: “Sin el dinero no puedes hacer nada, pero para mí está en un segundo plano. Se trata de no ver el dinero como algo principal. Yo prefiero cerrar a no tener lo que quiero ofrecer, como nos ocurrió este verano al quedar desabastecidos. No me vale sacar cualquier cosa. Quiero que los que vengan aquí disfruten de la experiencia. Perdí dinero, pero gané satisfacción al enseñar la vitrina que quiero”. Además, afirma no tener ninguna deuda, que su negocio crece poco a poco y, según va creciendo, compra a tocateja nueva maquinaria. Nada de créditos. Ahora empiezan a funcionarle también los fines de semana con turismo doméstico.

Para Pepín, “depende de lo que quieras emprender, sobre todo oficios, aquí se podría vivir con la mitad. Creo que aquí cunde el doble porque la calidad de vida es mejor. La gente le tiene miedo a ser autónomo, ¿y por qué no serlo? Eres más libre dentro de lo que cabe, sin que te coman la oreja por un sueldín. Si tienes una idea, es algo para empezar. Yo me busco la vida y soy responsable de la calidad de mi trabajo; si es por cuenta ajena, descargas la responsabilidad en el empresario”. Pepín, sin embargo, lamenta que muchas veces “los alcaldillos de turno” no apoyen ese tipo de proyectos con otra filosofía empresarial.

Que el dinero no prime los intercambios no siempre gusta al poder. “El control lo tiene el sistema, y no gustan los pequeños sistemas que se autocontrolan”, dice Toño Penalcarro refiriéndose a esa economía tradicional de subsistencia de los productores rurales que venden –o vendían– el excedente de su cosecha familiar. “No se les puede aplicar el mismo baremo que a las grandes empresas agroalimentarias”, opina Pepín. “Lo más guapo que hay es que se ayude entre sí la gente del pueblo. En Galicia pidieron papeles en una inspección de trabajo porque había unos vecinos ayudando a otro a sacar patatas, como se hizo toda la vida”, lamenta.

Pepín pone otro ejemplo de este fenómeno: la ganadería extensiva, que no gasta en medicina, ni electricidad –al no estabularse–, ni en gasolina para el tractor…, y que sin embargo ha de pelear por su rentabilidad: “Subvencionan al ganadero que no la usa para cogerle, restringen el uso de los montes públicos, mantienen el precio de la carne de hace 25 años…  y así te llevan al sistema intensivo, que supone piensos, medicinas para enfermedades”.

AYUDAS CUESTIONABLES

Todos los protagonistas de este reportaje se muestran críticos con la reciente cultura emprendedora impulsada desde las administraciones, pues carece de ayudas reales o de ventajas fiscales, caso del IVA trimestral: “Que no lo cobraste, pero que tienes que pagarlo por adelantado”, señala Manuel Jorge.

Judith no se siente empresaria, sino que cree en el producto. “Yo no pensaba ni en emprender. Aposté por lo de aquí y aquí me quedé”. Tiene la ganadería en Las Regueras y la fábrica en Langreo, en el vivero de Valnalón, porque en el concejo reguerano no hay polígono industrial. Le ayudó a arrancar una ayuda específica para maquinaria que cobró a los dos meses de abrir, “pero ya pagaba préstamos antes de iniciar la actividad”.

Toño renovó el tractor a través de un plan Leader hace nueve años, cuando quedó desierta la convocatoria y le concedieron el 50% de la ayuda. En el caso de Manuel Jorge, la primera vez que la solicitó no se la concedieron por no llegar al mínimo del importe: “¡Si no necesitaba más que lo que pedí!”, recuerda. Ambos coinciden en que las ayudas son un arma de doble filo, “tienen medido lo que te dan. Hoy en día vives con lo comido por lo servido prácticamente. Si las cosas estuviesen bien, no haría falta subvenciones”, resalta Toño.

La calidad de vida pasa por adquirir conocimientos de algo que te guste

Pepín considera que se debería haber invertido en proyectos que hubieran repercutido en la comarca en general, analizando la viabilidad, la dinamización. “Se daba un 30-40% a las empresas, pero para festejar la fiesta de la almeja se daba el 100%, con publicidad que no valía para nada del ‘Paraíso Rupestre’ y ‘Llanes de cine’. No digo que haya sido malo, pero se debería haber hecho cosas globales y cercanas. A veces es más fácil gestionar una subvención que doblar el espinazo pañando ablanes”.

Antonio Vázquez Rodríguez / Foto: Elena Plaza.

El éxito es un concepto relativo y subjetivo, pero con un nexo común a nuestros cinco personajes: ser feliz haciendo lo que se hace. “La calidad de vida pasa por adquirir conocimientos de algo que te guste, con actividades que te realicen y vivir con la gente que quieres. Como se suele decir, no hay como lo poco siendo bastante”, sentencia Manuel Jorge.

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